Narrativa

Una inconfundible carcajada – Mónica López

Ciclo BOCANADA – Palabras de boca en boca.
Cuento «Una inconfundible carcajada» de Mónica López
Narradora: Mónica López.
IG: @estrategiaseducativas.mdp
FB: Estrategias.Educativas.MDP
Co – autora de «Secretos de sal» (junto a Andrea Chulak) y «El niño ombligo».
Contacto: talleres.estrategias@gmail.com

UNA INCONFUNDIBLE CARCAJADA 
Mónica E. López 

-Y entonces vi a la vecina de enfrente, que con una inconfundible carcajada de bruja y con una víbora agarrada del cogote se asomaba a la ventana  y se reía mirando a la luna.

– ¿Y con una mano sola le alcanzaba para agarrarle el cuello o usaba las dos?

– ¿Qué tiene que ver eso, Pitu? Te digo que tenemos una vecina bruja, estoy seguro, la vi.

– Bueno, era para calcular la medida de la boa constrictora.

-No sabemos si es una boa todavía. Pero tengo un plan para ver quién es esa nueva vecina horrible y sospechosa. Tenemos que desenmascararla y estuve pensando que…

La tardecita caía sobre el barrio. Las charlas ya suponían la interrupción,  el llamado siempre inoportuno de alguien de la familia:

– Chinoooo, a casa- llamó la hermana mayor y el Chino se levantó contrariado, aunque tuvo tiempo para una despedida:

– Pitu, mañana salí temprano. Averiguá más. Chau.

Y corrió despatarrado hacia su casa.

A la tarde siguiente, a las cuatro y media estaban los dos amigos en el banco de piedra de la casa de al lado. No había sido fácil, hubo que levantar la mesa primero, hacer los deberes después y varias cosas más para lograr el permiso.

-Dice mi mamá que las brujas…

-Pitu, te dije que averigües pero que sea secreto, ¿qué le dijiste a tu mamá?

-Nada, no le dije nada importante, pero me contó que hay tres cosas que no pueden faltar en la casa de una bruja: un gato negro, un sombrero y un caldero.

-¿Un caldero?- pensó en voz alta el Chino- ¿Una olla?

– No, caldero de tres patas. Ah y la escoba puede no estar. Tendríamos que investigar qué hay en la casa.

-¿Hasta qué hora te dieron permiso? ¿Eh?

Y partieron. El día de invierno guardaba a los vecinos en sus cocinas o en sus rincones más tibios.

Entraron por el costado, se metieron entre las plantas y en un segundo ya estaban en el desolado patio de la bruja. Hojas amarillas, marrones, una silla rota. Eso era todo.

Al lado de un piletón, junto a la puerta de la cocina, descansaba una escoba. Se miraron.

No había nadie.

El Chino no pudo abrir la puerta cerrada con llave. Entonces, se colaron por una ventana con dos vidrios rotos, pasaron justito. En la cocina, ollas sin tres patas, platos y un olor muy muy raro.

-No toques nada- dijo Pitu- despacio, miremos si está la boa antes de seguir.

De puntas de pie entraron a la sala. No se escuchaba ni un ruidito. Un sillón que había sido rojo, reflexionaba deshilachado. En un perchero colgaban tres sombreros.

Subieron la escalera quejumbrosa. Cuando faltaban unos pocos escalones, una puerta se abrió y un gato gris oscuro salió volando a puro maullido. ¿Quién lo había revoleado así?

El Chino trastabilló sorprendido y se agarró de la baranda justo a tiempo.

-Vamos Chino- dijo Pitu mientras ayudaba a su amigo- Nos vamos.

Pero en el momento en que  Pitu estaba escapando por el vidrio roto de la ventana por el que habían entrado, un resplandor hizo desaparecer la puerta de la cocina y en medio de una humareda con olor a azufre,  vieron espantados a una vieja con sombrero y sin dientes que les dijo riendo:

-Los iba a perdonar tontos, chismosos y entrometidos, pero no pude.

-Señora, estábamos buscando a nuestra gata- dijo Pitu.

-Y ya verán lo que les pasa- dijo mientras lanzaba una carcajada de hielo y vinagre.

-En serio buscábamos a nuestra gata Hermione- insistió.

Y entonces la bruja al escuchar ese nombre se dobló en dos herida,  se retorció como si la hubiesen envenenado y se cayó al piso mientras decía:

-No me nombres a esa farsante. ¿Qué han hecho? ¿Qué me han hecho?

El Chino creyó que era el momento de esfumarse. Salieron como flechas, corrieron como liebres, se refugiaron como murciélagos del sol. Hasta que después de unos segundos, a salvo y con la respiración aún enloquecida, detuvieron su carrera en el altillo de la casa del Chino.

-¿Quién es Hermione, Pitu?

-No sé, mi mamá me dijo que las brujas no la quieren a Hermione. Y me acordé.

No era tarde, pero había un silencio extraño. Los amigos se quedaron callados. Entonces, una voz rara, se abrió paso desde lejos y con un chillido inconfundible dijo tal vez a ellos solos, tal vez a todos:

-Cada uno es lo que es y aunque pierda una vez no olviden nunca que una bruja ¡es y será por siempre una bruja!

Narrativa

Virginia Pedraza Ezcurra, en Bocanada

“Nadie vive tan cerca de nadie”
Tamara Tenenbaum

Cuando empezaste a actuar todos querían verte. Todos tus amigos, querés decir, y tus padres, y tu hermano, tus primos. Ahora sabés que la gente que te pide que le reserves entradas va a terminar faltando. A veces ni siquiera las reservás. ¿Y si vienen, finalmente, y no tienen entradas? Y no sé. Pensarán que sos una actriz famosa, una diva que agota teatros. Todo vendido. A sala llena. Los cuarenta asientos, todos ocupados por los amigos de las otras actrices. Las que son más jóvenes que vos.

Odio el espejo antes de la función. El maquillaje se ve horrible tan de cerca, se notan los bordes. La piel se vuelve más receptiva con los años. Antes, con el calor de las luces del escenario, el maquillaje se me mezclaba con la transpiración y se me resbalaba. Ahora lo que sucede es que se me deposita en las arruguitas de la piel, en las líneas de expresión. Me quedan líneas más oscuras, dibujadas, y el resto de la cara blanca. Es como si me hubieran sacado la capa impermeable, como si se me hubiera caído.

Me ato el delantal y me acomodo la redecilla en la cabeza. Soy una moza. La obra está basada en un cuento de Cheever, creo, o en varios. La leyenda del programa dice «basado en el universo de John Cheever», una ambigüedad que utilizan para evitar pagar derechos de autor. Pero en realidad está situada en la provincia de Buenos Aires, así que, honestamente, no estoy muy segura de qué es lo que tomaron. De Cheever, digo.

Salgo al escenario y recorro la sala con una mirada rápida. No, estoy casi segura de que no conozco a nadie. Igual no se ve bien. Mi monólogo empieza con la luz apagada.

La noche del casamiento de mi hermana: octubre del ‘81. Esa noche salí, cinco o seis días después llegué. Así que ya son casi veinticinco años años que vivo acá, ahora que te lo digo me doy cuenta. La tarde había sido de terror. Mi mamá estaba insoportable y mi hermana no paraba de llorar. Esto va a parecer una boda de segundas nupcias, decía mi mamá, llena de viejos secos. Veintinueve años tenía mi hermana. Yo tenía dieciséis así que me parecía que mamá tenía razón. Todos viejos de treinta. En esa época no había celulares, para vos que sos tan joven va a sonar rarísimo (maternal y seductora, una media sonrisa), pero nos dejábamos muchos mensajitos en papel, ¿entendés? Cosas anotadas. Cartelitos en las heladeras, al lado del teléfono. Tenías que pensar en lugares por los que la otra persona tuviera que pasar sí o sí. Mamá siempre me los dejaba en el cajón de las bombachas, eso me volvía loca. Y, pero así sé que los vas a ver, no te vas a ir a dormir sin cambiarte la bombacha, me decía. A Josefina no se lo hacía porque ella tenía novio, claro. Su cajón de las bombachas sí era privado. Andrés me los dejaba con el equipo de mate. Ni los firmaba: yo ya sabía que si estaban ahí eran de él, y además ya le conocía la letra. Al principio en realidad me los daba en la mano; encontraba un momento, en los almuerzos de los domingos, en alguna cena familiar en la semana, o en algún ratito que pasaba por casa a traerle algo a Josefina. Una vez le quise dejar uno a él y se enojó. Yo tenía prohibido escribirle: solo podía seguir las instrucciones de los textos de él. Así era nuestro juego. A eso de las siete entonces me fui a hacer un mate. Mi mamá y Josefina ya habían salido a buscar al cura, y vi un mensajito de Andrés. Se ve que me lo había dejado la tarde del día anterior, antes de que lo pasaran a buscar los amigos para la despedida de soltero. Nos encontramos en el baño del salón, justo después de la ceremonia. Me quiero coger a las dos putitas Peralta la misma noche. Ni se te ocurra faltar, pendeja. Deseame suerte.

Yo me quería quedar al casamiento de Josefina, de verdad. Había pensado irme al día siguiente, exactamente al día siguiente, lo tenía todo armado. Todo menos un pequeño detalle: que para la fecha del casamiento ya iba a tener panza, y que con el vestido que me había mandado a hacer no iba a haber forma de disimularla. Me di cuenta ese mismo día, a esa hora, a las siete, cuando me lo puse. Y ahí tuve que recalcular. A las ocho, a la hora de la ceremonia, yo ya estaba en la ruta. Le volví a escribir a mi mamá, ¿eh? Y a mi familia, varias veces en estos años. Me escriben a veces ellos, y me llaman, pero nunca vienen. Hace poco le pregunté a mi mamá por qué nunca venían a verme, ni Josefina, ni Andrés, ni mi papá, ni ella. Si no quieren conocer a Teo, ver dónde vivo, eso: por qué no vienen. No es tan raro, bebé. Nadie vive tan cerca. Supongo que tiene razón. Nadie vive tan cerca. Nadie vive tan cerca de nadie.

Narrativa

«Perdiendo velocidad» de Samanta Schweblin por Deni Pastrello

Ciclo BOCANADA – Palabras de boca en boca.
Cuento: «Perdiendo velocidad» en «Pájaros en la boca» de Samanta Schweblin
Narradora: Denise Pastrello.
IN: @denisepastrello
Co editora de Hiedra Editora IN: @hiedraeditora
y autora de poemarios.

Perdiendo velocidad
Samanta Schweblin

Tego se hizo unos huevos revueltos, pero cuando finalmente se sentó a la mesa y miró el plato, descubrió que era incapaz de comérselos.

—¿Qué pasa? —le pregunté.

Tardó en sacar la vista de los huevos.

—Estoy preocupado —dijo—, creo que estoy perdiendo velocidad.

Movió el brazo a un lado y al otro, de una forma lenta y exasperante, supongo que a propósito, y se quedó mirándome, como esperando mi veredicto.

—No tengo la menor idea de qué estás hablando —dije—, todavía estoy demasiado dormido.

—¿No viste lo que tardo en atender el teléfono? En atender la puerta, en tomar un vaso de agua, en cepillarme los dientes… Es un calvario.

Hubo un tiempo en que Tego volaba a cuarenta kilómetros por hora. El circo era el cielo; yo arrastraba el cañón hasta el centro de la pista. Las luces ocultaban al público, pero escuchábamos el clamor. Las cortinas terciopeladas se abrían y Tego aparecía con su casco plateado. Levantaba los brazos para recibir los aplausos. Su traje rojo brillaba sobre la arena. Yo me encargaba de la pólvora mientras él trepaba y metía su cuerpo delgado en el cañón. Los tambores de la orquesta pedían silencio y todo quedaba en mis manos. Lo único que se escuchaba entonces eran los paquetes de pochoclo y alguna tos nerviosa. Sacaba de mis bolsillos los fósforos. Los llevaba en una caja de plata, que todavía conservo. Una caja pequeña pero tan brillante que podía verse desde el último escalón de las gradas. La abría, sacaba un fósforo y lo apoyaba en la lija de la base de la caja. En ese momento todas las miradas estaban en mí. Con un movimiento rápido surgía el fuego. Encendía la soga. El sonido de las chispas se expandía hacia todos lados. Yo daba algunos pasos actorales hacia atrás, dando a entender que algo terrible pasaría —el público atento a la mecha que se consumía—, y de pronto: Bum. Y Tego, una flecha roja y brillante, salía disparado a toda velocidad.

Tego hizo a un lado los huevos y se levantó con esfuerzo de la silla. Estaba gordo, y estaba viejo. Respiraba con un ronquido pesado, porque la columna le apretaba no sé qué cosa de los pulmones, y se movía por la cocina usando las sillas y la mesada para ayudarse, parando a cada rato para pensar, o para descansar. A veces simplemente suspiraba y seguía. Caminó en silencio hasta el umbral de la cocina, y se detuvo.

—Yo sí creo que estoy perdiendo velocidad —dijo.

Miró los huevos.

—Creo que me estoy por morir.

Arrimé el plato a mi lado de la mesa, nomás para hacerlo rabiar.

—Eso pasa cuando uno deja de hacer bien lo que uno mejor sabe hacer —dijo—. Eso estuve pensando, que uno se muere.

Probé los huevos pero ya estaban fríos. Fue la última conversación que tuvimos, después de eso dio tres pasos torpes hacia el living, y cayó muerto en el piso.

Una periodista de un diario local viene a entrevistarme unos días después. Le firmo una fotografía para la nota, en la que estamos con Tego junto al cañón, él con el casco y su traje rojo, yo de azul, con la caja de fósforos en la mano. La chica queda encantada. Quiere saber más sobre Tego, me pregunta si hay algo especial que yo quiera decir sobre su muerte, pero ya no tengo ganas de seguir hablando de eso, y no se me ocurre nada. Como no se va, le ofrezco algo de tomar.

—¿Café? —pregunto.

—¡Claro! —dice ella. Parece estar dispuesta a escucharme una eternidad. Pero raspo un fósforo contra mi caja de plata, para encender el fuego, varias veces, y nada sucede.

Narrativa

Cati Correa en «Bocanada»

En esta oportunidad, compartimos el cuento «Imaginaria» en «Los Oficios terrestres» de Rodolfo Walsh.
En boca de Catalina Correa. IN: @catalina.corre.a
Autora de infinitos fanzines.
En 2019 publicó su primer libro «No hacemos más muñecas» con El Brote Ediciones. @elbroteescritura

IMAGINARIA
Rodolfo Walsh

Ahora usted va a venir, oiré si bicicleta por el pedregullo, pedaleando despacito, con el farol sin luz. Usted no necesita luz, nos conoce a todos sin vernos, a mí me conoce por el olor, ¿qué olor tiene usted, soldado? Olor a chivo, mi teniente, olor a tulipán, olor a lo que usted quiera.
Va a venir, es su guardia, para eso la estuvo esperando toda la semana, de noche usted no puede dormir, toma pildoritas, esta noche no precisa. Usted piensa mucho, mi teniente, y se va poniendo pálido, se va poniendo verde, me imagino que le ocurren cosas y yo no soy quien para preguntarle.
Lo mismo que yo, pienso demasiado, pero de noche duermo, y a veces me duermo hasta en la guardia. Ahora por ejemplo estoy durmiendo, tirado a la orilla del camino por donde usted va a venir, va a venir con su bicicleta. Yo sé que está mal, que un centinela no debe dormirse, debe vigilar el campo e informar la novedad. 
Pero es que no hay novedad mi teniente, el enemigo está a ciento veinte años de distancia, aquí nunca hay novedad y el cielo es lo único que cambia de lugar. Cuando me quedé dormido las Tres Marías estaban detrás del pino, ahora están sobre la ruta, donde se oyen los camiones.
El fusil ahí se lo dejo, ni siquiera lo toco con la mano, está cargado, con el seguro puesto. Si viniera el enemigo, no hay nada que hacerle, pero qué quiere que le diga mi teniente, los chinos y los rusos están lejos, para mí que ya no vienen esta noche.
Yo sé que es de gusto si le digo que esta vez no tuve la culpa, que a mí nadie me mandó matar las hormigas en el jardín del coronel. 
Yo sé que es de gusto si le digo que este sábado justamente tenía que salir y no estar aquí de imaginaria. Quién sabe si le explico usted me deja, pero cómo quiere que le explique que esta noche me roban a la Julia, ya me la han robado, seguro que a esta altura me la están culpando.
No se ría, mi teniente, a usted con esa pinta tienen que sobrarle las mujeres, pero yo la conversé tres meses juntando afrecho y ahora viene un papafrita de civil y me la saca, y yo aquí haciendo la tercera guerra mundial.
No es cierto que el sargento me mandó matar las hormigas del coronel. Si él se olvida yo qué culpa tengo, pero aquí la verdad viene de mayor a menor, usted le cree a él y no me cree a mí, y el hilo se corta por lo más delgado.
Está mal que uno deje el arma tirada en el pasto, a la mano de cualquiera, y se queda dormido pensando en la Julia, pero hay muchas cosas que están mal y a nadie le importa.
Usted se divierte conmigo y dice que yo discuto mucho y que nací para doctor, como todos los cordobeses, será porque una vez me agarró leyendo el código, pero yo no nací para doctor y no le voy a decir en qué rancho nací.
La Julia tiene sus razones, qué va a hacer con un hombre una vez por semana, ella necesita que la saquen y le den conversación, y no darle un vistazo a Garibaldi y correr a meterse en una cama.
Ahora el papafrita tiene un camioncito, usted calcule, yo que a gatas puedo pagarle una cerveza. Hace dos meses que la sigue y si usted la campanea un rato se da cuenta que esa piba está madura para un tipo en cuatro ruedas.
Las Tres Marías, mi teniente, se fueron caminando por la ruta, ahora están sobre el hangar, detrás de esos eucaliptos, y en un rato va a salir la luna.            
Ya es tarde para tomar el colectivo, no llego ni a las dos, ella dijo que me esperaba hasta las diez. A esta hora seguro está culiando, muerde la almohada y pega unos grititos.
Usted tiene que venir, porque yo me cansé de contar coyuyos y de escuchar los ruiditos de los bichos en el pasto.
¿Y qué le costaba al sargento decir la verdad?
No es fácil buscarse otra hembra, negro jetón. No, mi teniente. ¿Sos un negro jetón, si o no? Sí, mi teniente, y por eso le digo que no es fácil.
Ahora me parece que lo oigo.
Usted viene despacito bajando el repecho, sin pedalear, pero las gomas hacen crich, crich en el pedregullo. Toma el puente de la acequia y las tablas hacen jrom jrom. Aquí tiene que pedalear un poco porque perdió el envión, una o dos patadas y ya se viene solo, haciendo unas eses suavecitas, gambeteándole al ruido.
No tengo que abrir los ojos para saber que viene sin luz y sin fumar, le basta con la claridad del cielo y por las dudas va contando los postes de la alambrada: porque usted se las piensa todas, y a veces creo que piensa demasiado y de noche no puede dormir.
En cambio yo me duermo en cualquier parte.
Ahora usted está a veinte metros y como no me ve, me busca. Las eses se hacen un poco más anchas. Usted no quiere aplicar el freno y no quiere parar antes de verme. A lo mejor empieza a desconfiar. A lo mejor piensa que este negro jetón se retobó y lo quiere madrugar de atrás de un poste. ¡Cómo piensa eso, mi teniente! ¿No ve que estoy aquí tirado, que me dormí nomás pensando en las hormigas? Es que no había novedad, qué novedad quiere que haya.
Ahora sí me ve, ahora usted se para, frena la bicicleta con el pie, se baja y la acuesta en el camino. Despacito, no se le vaya a romper. No lo oigo más, pero es seguro que viene para aquí, tanteando las ramitas con el pie, y en cualquier momento va a descubrir la carabina.
Es suya, mi teniente, yo sé que el arma no se deja, pero dormido uno se olvida de esas cosas. Usted abre el cerrojo, apenas se oye el ruido del metal, tira despacito para atrás, la bala cae para un costado entre sus dedos, ahora saca el cargador. Mete la bala en el peine y las cuenta por las dudas. ¿Son cinco, mi teniente? Son cinco. Ya puede dejar la carabina como estaba, y el cargador en su bolsillo.
Usted se arrima y se me para al lado de la cara, está tan cerca que le huelo el cuero de los botines. Esta es la parte más difícil porque no sé si usted me va a romper la cara de una patada, o va a hacer lo que hizo la otra vez cuando lo encontró dormido al flaco Landívar. Tengo unas ganas bárbaras de taparme la cara con el brazo pero me aguanto. No sé qué hacer con los ojos, si apretarlos fuerte para que no se muevan, siento que me corre arena entre los párpados. Flojito, negro, quedate piola.
Usted se agacha y mira, no tengo nada, ni cartuchera traje, puede revisarme. Soy un tipo que se quedó dormido.
Ahora usted se para.
Usted se va.
Pero va a volver.
Cien metros más allá Cornejo le da el alto y usted se identifica y charla un minuto con Cornejo. Otros cien metros y Sampietro le pega el grito con esa voz de perro. Son buenos soldados, subordinación y valor, y además lo estaban esperando.
Ahora usted está en la punta del campo y tiene que volver. En cinco minutos lo tenemos por aquí.
El cielo es una fiesta, mi teniente y el pasto huele lindo. Yo me juego a que la Julia está dormida, hecha un ovillo en los brazos del tipo. Me va a costar trabajo encontrar otra como ella.
Ahora se lo oyen, mi teniente, da gusto oírle cantar Curupaity y pal carnero no hay como la oveja. Pasó de Cornejo y se viene como chifle, ya está a cincuenta metros.
Yo estoy soñando con lo que me contó Landívar, que usted le descargó la carabina y a la vuelta lo atropelló con la bicicleta, y después le dio un par de sopapos y una semana de calabozo por quedarse dormido, extraviar armamento y ser un sotreta. Ve, y quién lo manda al flaco echarse a roncar cuando está de imaginaria.
Pero yo no soy como Landívar, yo estoy como quien dice atravesado en su camino. Negro atravesado mi teniente, cordobés atravesado como dijo usted.
Usted canta lindo mi teniente, si yo tuviera una voz como la suya quién le dice no me roban a la Julia. Si desafina un poco ha de ser porque grita y porque ahora me prefiere despierto como debe estar un buen imaginaria.
Pero si me quedo donde estoy, seguro que usted me rompe las costillas con el envión que trae y las ganas que me tiene.    
Así que le doy el alto.
Porque ahora estoy despierto mi teniente, ahora estoy parado, no me oye mi teniente, ahora le estoy apuntando, por qué se ríe mi teniente, ahora le puse los puntos a la cabeza, a usted no lo conozco, le digo que se pare, ahora tengo el dedo en el primer descanso como me enseñaron en el polígono, alto mi carajo, un tironcito más y esas escupida colorada que le llega hasta la frente, y mientras usted alza los brazos y empieza a bambolearse en una ese que no va a terminar, y mientras todos los perros del mundo están ladrando, ya he movido el cerrojo y otra escupida colorada, aunque ahora no le apunto a usted sino a las Tres Marías, quién le dice que no llega.
Ahora quién va a decir que no le di el alto, como corresponde, y que usted no contestó, y que no disparé un tiro de prevención, como dice el reglamento, y que después no maté a un desconocido sospechoso que se me abalanzaba con una bicicleta. Aunque ese desconocido sea usted mi teniente, y esté boqueando mi teniente sobre el pasto y pegando unos grititos mientras lo tanteo como si fuera una mujer, como si fuera la Julia, y le encuentro el cargador que me sacó y lo tiro a la acequia antes que lleguen los otros imaginarias blancos por la luna y el julepe.
Si usted tuviera un ratito más, pero no tiene, le explicaría lo del otros cargador que me colgué entre las piernas, ahí donde le dije.  

Narrativa

Primera «Bocanada» – Patricia Aquino

BOCANADA es un ciclo de narrativas que nos invita a viajar con palabras que se suceden de boca en boca. Pensado para aquellas personas que disfrutan de leer y escuchar cuentos, poesía, relatos, ensayos y todas aquellas manifestaciones palabreadas que amamos paladear. Todos los miércoles nos encontramos en esta tertulia, para acortar las distancias.
Si te gusta leer en voz alta, comunicate con el Espacio Cultural Coliseo.

Abriendo el ciclo, tenemos la alegría de compartir este cuento de Ángeles Mastretta, en la voz y el sentir de nuestra querida Patricia Aquino.

A los ciento tres años Rebeca Paz y Puente no había tenido en su vida más enfermedad que aquella que desde un principio pareció la última. De la frondosa y sonriente vieja que llegó a ser, ya no quedaba sino el pálido forro de un esqueleto.
Había sido bella, el perfume de su cuerpo liberal, sólo ella lo recordaba: todos los días, y con el mismo brío que durante el sitio de la ciudad la sacó de su casa a disparar una pistola de la noche a la mañana y hasta la rendición. Era de la época juarista. Respiraba diez veces por minuto y parecía haberse ido hacía semanas. Sin embargo, una fuerza la mantenía viva, huyendo de la muerte como de algo mucho peor. A ratos los hijos le hablaban al oído buscando su empequeñecida cabeza en medio de una melena blanca cada día más abundante. -¿Por qué no descansas, mamá? le preguntaban, exhaustos y compadecidos. -¿Qué quieres? ¿Qué esperas aún? No contestaba. Ponía la mirada en blanco y a lo lejos, como si nada, como si le lastimaran las palabras. Entre los nietos había una mujer que todas las tardes se sentaba junto a ella y le hablaba de sus penas, como quien se las cuenta a sí misma. Ya no me oyes, abuela. Mejor, para oír amarguras haces bien de estar sorda. ¿O sí me escuchas? A veces estoy segura de que me escuchas. ¿Ya te dije que se fue? Ya te lo dije. Pero para mí, como si aún estuviera porque lo ando cargando. ¿Es verdad que tú perdiste un amor en la guerra? Eso me hubiera gustado a mí, que me lo mataran antes de que a él le diera por matarme. En lugar de este odio tendría el orgullo de haber vivido con un héroe. Porque tu amor fue un héroe, ¿no, Abuela?, ¿cómo le hiciste para vivir tanto tiempo después de perderlo? ¿Por qué sigues viva aún cuando te mataron a tu hombre, aunque mi abuelo te haya regresado a golpes del lugar en que se desangró? Te habían casado a la fuerza con mi abuelo, ¿verdad? Cómo no me atreví a preguntártelo antes, a ti tan elocuente, tan hermosa. Ahora ya de qué sirve, ahora no sabré nunca si fueron ciertos los chismes o todo lo que se dice de ti, y si de veras abandonaste a toda tu familia para seguir a un general juarista. Si lo mató un francés o si lo mató tu marido un poco antes de que terminara el sitio. La abuela no respondía. Se concentraba en respirar y respiraba entre suspiros largos y desordenados. Dos veces había estado el señor obispo a confesarla y cuatro a darle la extremaunción, hasta que de tanto verla agonizar, sus descendientes se acostumbraron a vivir con ella muriéndose. Está mejorando decía su nieta. A ella le daba pánico que su abuela se muriera, se quedaría sin confidente y cuando falta el amor la única cura son las confidencias. Ay, abuela le dijo una tarde. Tengo el cuerpo seco: secos los ojos, la boca, la entrepierna. Así como ando, mejor querría morirme. Tonta dijola vieja, interrumpiendo un año de silencio. No sabes de qué hablas. Su voz se oyó como estremecida por otro mundo. ¿Tú conoces la muerte, abuela? ¿Tú la conoces, verdad? Por toda respuesta doña Rebeca se perdió entre soplidos y respiraciones turbias.  ¿Por qué peleas, abuela? ¿Por qué no te has muerto? ¿Quieres tu relicario? ¿Quieres cambiar la herencia? ¿Qué pendiente tienes? La vieja movió una de sus manos para pedirle que se acercara y la nieta acercó un oído a su boca trastabillante. ¿Qué te pasa? le preguntó, acariciándola. Ella se dejó estar así por un rato, sintiendo la mano de su nieta ir y venir por su cabeza, su mejilla, por sus hombros. Por fin dijo con su voz como en trozos: No quiero que me entierren con el hombre. Media hora después los hijos de doña Rebeca Paz y Puente le prometieron enterrarla a sus anchas, en una tumba para ella sola. Me voy, me voy y me voy  con una deuda, le dijo a su nieta, antes de morirse por última vez. Al día siguiente su influencia celestial hizo volver al esposo perdido de la nieta. El hombre entró a su casa con un desfile de rosas, una letanía de perdones, juramentos de amor eterno, alegrías y ruegos. Todas las lenguas le habían dicho que su mujer era un guiñapo, que las ojeras le tocaban la boca, que los pechos se le habían consumido en lágrimas, que de tanto llorar tenía los ojos pesados y de tanto sufrir estaba flaca como perro de vecindad. Encontró a una mujer delgada y luminosa como una vela, con los ojos más tristes pero más vivos que nunca, con la sonrisa como un sortilegio. Y el aplomo de una reina para caminar hacia él, mirarlo como sí no tuviera cuatro hijos suyos y decirle: -¿Quién te llamó a este funeral? Saca tus flores y vete. Yo no quiero que me entierren contigo. Este es un cuento de Ángeles Mastretta de su libro “Mujeres de ojos grandes”.

Podés encontrar los videos de este ciclo en nuestro canal de youtube y en IGTV.

Sin categoría

Una ventana al cine Cordobés, en enjambre.

El boom del cine cordobés se hizo notar hace algunos años cuando comenzó a tocar la puerta del cine nacional, representado casi en su totalidad por producciones porteñas. En la tercera edición de ENJAMBRE CORDOBÉS queremos acercarle al público cineclubero una selección de películas para descubrir ficciones cordobesas que no necesariamente abordan una temática “local”, sino que navegan por historias y situaciones que pueden ocurrir en cualquier latitud, llegando incluso a fantasear en mundos oscuros y extraños, como podremos apreciar en el último film. 

Martes 2/06 –  NUIT  (Santiago Sgarlatta, 2017)

Cortometraje Ficción inspirado en el libro «Historias del cine» de Jean Luc Godard.

Anna, Jean y Paul se separan en la noche. La recorren, buscan, descubren. Anna nos habla del cine con las palabras de Godard (¿o Godard nos habla del cine a través de Anna?). Finalmente se encuentran. El final se convierte en tragedia.

Jueves 04/06 INSTRUCCIONES PARA FLOTAR UN MUERTO (Nadir Medina, 2018)

Pablo trabaja en un viejo hospital de la ciudad de Córdoba. Jesi está pisando suelo argentino luego de mucho tiempo al otro lado del Atlántico. Tras años de silencio y distancia, ellos vuelven a mirarse a los ojos. Pero allí hay alguien más, alguien que lo inunda todo

Crítica: “Una película de aguda sensibilidad” Josefina Sartora en Otros Cines

Jueves 11/06 ATLÁNTIDA (Inés María Barrionuevo, 2014)

En el verano de 1987 en un pueblo de Córdoba, dos hermanas adolescentes, Elena y Lucía, están solas en casa. La menor está enyesada y molesta con fruición a su hermana mayor, que piensa en cómo salir de ese pueblo, para estudiar y para vivir de otra manera, más allá del chisme pequeño de club de pueblo, de la barra del pueblo, de las motitos y la pileta y de quién apretó con quién. También están los chicos que viven y trabajan en el campo, un médico joven, pero mucho mayor que Elena, una conexión entre Lucía y una amiga de su hermana, algunos conflictos por otros lados. Despertares sexuales, fastidios, identidades, búsquedas, encuentros, urgencias. 

Crítica: «Película de climas, de sensaciones, de estados de ánimo con la inminencia del despertar sexual como eje principal, ‘Atlántida’ logra transmitir -con una cámara flotante que sigue siempre de cerca pero sin invadir ni manipular a los personajes.»
Diego Batlle en Otros Cines

Jueves 18/06 LAS CALLES (María Aparicio, 2016)

En Puerto Pirámides, un pueblo pequeño en la Patagonia argentina, las calles no tienen nombre. Julia, maestra de la única escuela del lugar, desarrolla un proyecto escolar que compromete a sus alumnos en un objetivo común: buscar nombres para denominar las calles. Luna, Eli, Maxi, Renzo, Juan, son algunos de los niños que habitan el pueblo y que se verán involucrados en el proceso de entrevistar a los pobladores del lugar bajo la idea de conocer sus historias y escuchar sugerencias para los nombres de las calles. En su recorrido escucharán distintos relatos en donde los antiguos pobladores, el mar, la costa, la pesca, el trabajo rural, son algunos de los temas esenciales.

Crítica: «El gran logro de la película, (…), es la organización de un relato que logra transmitir las líneas invisibles que unen la vida cotidiana de los vecinos de la región: las de las viejas generaciones con aquellas más jóvenes.»
Diego Brodersen en Página 12.

Jueves 25/06 FICTION CREW (Daro Ceballos, Vanina Le Roux, Joaquin Fuertes, Pablo Matos, Javier Cano, Cecilia Audisio, Lucila Gramet, 2019)

El universo es un extraño lugar, incluso, más extraño de lo que podemos imaginar. Lo fantástico se hace presente. Una a una las pesadillas se entrelazan, sin dejar de ser una misma realidad, convergen en historias, extrañas y oscuras que se entrelazan en el universo de FICTION CREW.

“Se destacan por la calidad narrativa, por su creatividad y su facilidad para resolver con excelencia -y con bajo presupuesto- efectos especiales .”
Revista WAM

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Concierto solidario de Emiliana Zapata desde casa

El sábado 9 de mayo compartimos el mini concierto solidario que ofreció Emiliana Zapata desde su casa, fruto de un trabajo de articulación del ECC con el área de Cultura y Educación de la Municipalidad de Bell Ville, en coordinación con Defensa Civil. Te dejamos el video por acá por si aún no pudiste verlo o querés volver a disfrutarlo y compartirlo.

Emiliana Zapata inició sus estudios musicales en la Banda Municipal de Bell Ville, donde aprendió a tocar el Saxo Alto. Realizó estudios en la carrera Composición Musical de la Universidad de Villa María y participó del Coro Nonino de la misma institución, realizando varias presentaciones en el país y en el exterior. Concluyó sus estudios en el Conservatorio de Música Gilardo Gilardi, donde se recibió de Profesora de Música. Es Directora del Coro Municipal Canto Versos de Leones y cantante distinguida de la ciudad de Bell Ville. Formó parte de las agrupaciones Chalana Trío, De acá, Mirasielos, entre otros. Abordando distintos géneros musicales, recorrió escenarios de la localidad y alrededores. Actualmente conforma el grupo AURAS junto a David Scheggia y Leandro Iermini. Emiliana dicta clases particulares de canto. Cuando mira el atardecer, el sol se filtra por las ondas de sus rulitos. Nació en Bell Ville.

Camila Noé Ribarola se inspira de la existencia permanente de lo que la rodea. Sus obras representan los ciclos de la humanidad. La gestación, el nacimiento, la vida, la muerte. El continuo e inacabable movimiento de la materia. El inicio y el fin. La Naturaleza vivida en tanto elemento constituyente de nuestro paso por el mundo. La artista expresa su sensibilidad a través de colores y tramas, invitándonos a conectar con nuestro ser interior de raíces profundas. Gozar la Naturaleza desde el respeto, la observación, la escucha y la contemplación. Amar(se) y escuchar(se). Logrando un equilibrio superlativo y despertar otro tipo de conciencia.
Camila disfruta de la pintura y la cerámica. Está cursando las últimas materias del Profesorado de Bellas Artes en el Instituto Superior Fernando Fader. Le gusta tomar mate con yuyitos. Nació en Bell Ville. 

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Chile Documentado, para compartir desde casa

Durante los jueves de mayo compartiremos un nuevo ciclo de cine, con cuatro documentales chilenos que podrán verse en nuestro sitio web, te invitamos a acompañarnos en este viaje.

En octubre del año pasado, chilenas y chilenos salieron a las calles a reventar todo. Literal. “No son 30 pesos, son 30 años” se podía leer en centenares de carteles por las calles de Santiago, haciendo referencia al aumento del boleto de transporte y a los 30 años de miseria y explotación en uno de los países latinoamericanos con “el mejor índice de desarrollo”, según expertos. Lo obvio es que la experiencia de éstos poco tiene que ver con la vida de millones de personas que están privadas de derechos elementales como salud, educación, trabajo y vivienda. 

El ciclo Chile Documentado es un homenaje a esta lucha, proyectando un recorrido humano y sincero desde la geografía, la ciencia, los medios de comunicación, la economía, los desaparecidos y los estudiantes, el actor político más importante de los últimos años.

Jueves 7 – NOSTALGIA DE LA LUZ (Patricio Guzmán, 2010)
Nostalgia de la luz es un film sobre la distancia entre el cielo y la tierra, la distancia entre la luz y los seres humanos, y las misteriosas idas y vueltas que se crean entre ellos. A tres mil metros de altura, los astrónomos venidos de todo el mundo se reúnen en el desierto de Atacama para observar las estrellas en el Norte de Chile. Aquí, la transparencia del cielo permite ver hasta los confines del universo. Abajo, la sequedad del suelo preserva los restos humanos intactos para siempre: momias, exploradores, mineros, indígenas y osamentas de los prisioneros políticos de la dictadura. Mientras los astrónomos buscan la vida extraterrestre, un grupo de mujeres remueve las piedras: busca a sus familiares.

Jueves 14 – CHICAGO BOYS (Carola Fuentes y Rafael Valdeavellano, 2015)
En plena Guerra Fría la Universidad de Chicago becó a un grupo de estudiantes chilenos para ir a estudiar economía bajo las enseñanzas de Milton Friedman. 20 años después, en plena dictadura, cambiaron el destino de Chile y lo convirtieron en el bastión del neoliberalismo en el mundo. Ésta es la historia de los Chicago Boys contada por ellos mismos: ¿qué estuvieron dispuestos a hacer con tal de lograr sus objetivos? ¿Cómo nació el modelo que hoy está en jaque? ¿Cómo explican los resultados en el largo plazo?

Jueves 21 – EL VALS DE LOS INÚTILES (Edison Cájas, 2013)
El documental retrata dos historias paralelas en torno a las movilizaciones estudiantiles de 2011 en Chile: Darío Díaz, un adolescente inmerso en el clima político de su colegio, el Instituto Nacional General José Miguel Carrera, y José Miguel Miranda, antiguo preso y torturado de la dictadura de Pinochet encontrarán en la movilización social el sentido de su propia historia.

Jueves 28 – EL DIARIO DE AGUSTÍN (Ignacio Agüero, 2008)
¿Quién es realmente Agustín Edwards? ¿Y cómo el diario El Mercurio que dirige se transformó en un agente político que estuvo detrás del derrocamiento del gobierno de Salvador Allende y posteriormente, del ascenso de la dictadura militar de Augusto Pinochet? Ignacio Agüero sigue a un grupo de estudiantes e investigadores de la Universidad de Chile para desentrañar el misterio.


Ciclo anterior: Abril Diverse

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Estar cerca en tiempos de aislamiento social preventivo

Desde el Espacio Cultural Coliseo estamos generando estrategias para afrontar los desafíos que se nos presentan en este período, porque el distanciamiento físico no implica que nos desvinculemos. Quedarnos en casa no nos paraliza, la cultura se abre paso como el agua, y consideramos que en momentos como el que estamos viviendo, reinventar las maneras de acercarnos es fundamental. Por ello, procuramos mediante este sitio web en construcción permanente y nuestros perfiles en las redes, mantener un contacto fluido con quienes nos acompañan desde los inicios, y entablar nuevos vínculos con aquellas personas que sientan que algo de nuestra propuesta resuena con sus deseos e inquietudes.

Madam Baterflai llegando a los hogares cineclubistas

El jueves 16 de abril compartimos la primera función de #CineclubEnCasa, a las 21:00 hs. nos conectamos y pudimos ver dentro del sitio web del ECC el documental «Madam Baterflai» de Carina Sama. La directora nos acompañó desde su hogar y luego de ver la peli pudimos compartir sentires y reflexiones en los comentarios, si todavía no la viste, podés encontrarla colgada aquí, mientras siga disponible en la plataforma Vimeo. Podés ver más info de la peli en Facebook: Madam Baterflai

Abrazarnos en el arte
El martes 21 a las 19:00 estrenamos nuestro primer video en el canal de YouTube del ECC, se trata de un encuentro entre la danza y la música que se abrazan y nos abrazan más allá de las distancias. Noe, Lucre y Fer, integrantes del espacio, nos regalan imágenes, movimiento y vibraciones que, gracias al trabajo de edición de Luli Pica, se encuentran y viajan hasta alcanzarnos y conmovernos.

Suscribite al canal para enterarte cuando subamos nuevos videos

Siguen los jueves de Cine
Te esperamos este jueves 23 de abril a las 21:00 hs. para compartir «Mía» de Javier Van de Couter, continuando con la propuesta de #CineclubEnCasa, una invitación a darle play a nuestra sensibilidad, a la misma hora, desde nuestros hogares.

En los comentarios podés dejarnos sugerencias, realizar consultas o contarnos cómo la vas llevando y qué rol cumplen los encuentros a partir de expresiones artístico-culturales en tu vida, durante esta etapa históricamente inédita que nos toca vivir.